En 2025, la Fundación Rafael del Pino organizó en la Universidad de Oxford un grupo de trabajo con más de veinte altos representante de los cuatro niveles del gobierno, academia y sociedad civil española para reflexionar con expertos sobre el futuro del Gobierno y al AI. Durante este encuentro Carissa Véliz, profesora asociada de filosofía y ética en la Universidad de Oxford subrayó que la recopilación masiva de datos personales por parte de empresas y gobiernos otorga un poder desproporcionado a estas entidades, lo que puede conducir a abusos y erosión de derechos fundamentales. Véliz propone que, para salvaguardar la privacidad, es fundamental implementar regulaciones que pongan fin al comercio de datos personales y fomentar el uso de herramientas y prácticas que respeten la confidencialidad de la información individual. Y también recuerda que la privacidad no es un lujo ni una preferencia personal, sino una condición necesaria para la libertad individual y el funcionamiento democrático. Es decir, la privacidad nos protege de potenciales abusos de poder y es indispensable para el buen funcionamiento de una sociedad libre. Por lo tanto, debemos avanzar hacia una IA que promueva la libertad y la democracia.
En este mismo grupo de trabajo, Helen Margetts es una politóloga británica, profesora en el Oxford Internet Institute, propone que los gobiernos deberían utilizar los datos que ya recopilan para personalizar servicios públicos, anticipar necesidades sociales y diseñar políticas más efectivas. Esto incluye desde adaptar la educación a cada estudiante, hasta prever crisis sociales o sanitarias. Pero siempre con un enfoque ético y con participación ciudadana. Margetts defiende que la IA puede hacer que el Estado responda mejor y más rápido a las necesidades ciudadanas, siempre que se usen modelos transparentes y auditables. En sus palabras: “La IA puede volver al gobierno más justo, transparente y eficaz... si la diseñamos con esos valores.” Advierte además de riesgos relevantes como la opacidad algorítmica, la discriminación, la automatización sin control humano y la pérdida de confianza institucional. Para Margetts, la clave no es solo incorporar tecnología, sino repensar las instituciones que la utilizan. Nos llevamos esta tarea, la de repensar el futuro del gobiernos con la herramientas de la inteligencia Artificial que nos lleven a llevar a cabo políticas públicas más justas y solidarias.